sábado, marzo 22, 2025

Imaginario Infantil, lenguaje literario y su impacto en la construcción de la inteligencia

 

Imaginario Infantil, lenguaje literario

y su impacto en la construcción de la inteligencia

 

Paula Benedict de Bellot

 

Resumen: El imaginario infantil puede poseer una estructura cognitiva a la par de compleja que la del adulto cuando lo observamos a la luz de sus capacidades para decodificar el significado y la lógica del lenguaje literario mágico. La literatura se convierte en la vía regia de acceso a la activación de la inteligencia y de los procesos de pensamiento durante la niñez. El adulto creativo, capaz de visualizar el futuro y con capacidades para el pensamiento de corte humanista necesariamente está ligado a una infancia de fértil imaginería y ramificaciones del pensamiento mágico.

Palabras clave. Inteligencia, Imaginario, Infancia, Lenguaje.

Children’s imagination, literary language and their impact on intelligence construction

Abstract: Children’s imagination can have a cognitive structure as complex as that of the adult when observed under the light of its abilities to decode the meaning and logic of the magical literary language. Literature becomes the main route for accessing the activation of intelligence and thought processes during childhood. The creative adult, capable of visualizing the future and with capacities for humanistic thinking, is necessarily linked to a childhood of fertile imagery and ramifications of magical thinking.

Keywords: Intelligence, Imaginary, Childhood, Language. 

Le langage littéraire et l’imagination des enfants et son impact sur la construction de l'intelligence

Résumé : L’imagination des enfants peut posséder une structure cognitive aussi complexe que des adultes si on l’examine sous la lumière de ses capacités pour décoder la signification et la logique du langage littéraire magique. La littérature devient la voie principale d'accès à l'activation de l'intelligence et des processus de pensée pendant l'enfance. L’adulte créatif, capable de visualiser l’avenir et doté de capacités de pensée humaniste, est nécessairement lié à une enfance fertile en images et de ramifications de la pensée magique.

Mots-clés : Intelligence, Imaginaire, Enfance, Langage.

 

Introducción

Nos introduciremos brevemente en algunas consideraciones sobre sobre la influencia del lenguaje literario en la expansión del imaginario infantil y en cómo las interacciones de estos dos factores se amalgaman para empujar y potenciar las habilidades analíticas, reflexivas y creativas de la inteligencia, cuyas bases se encuentran en la infancia y el pensamiento mágico.

 Los estudios psicológicos sobre el lenguaje han tomado diferentes rutas para poder explicar la dinámica psicológica, cognitiva y neuronal mediante la cual el pensamiento humano se convierte en lenguaje y este a su vez en la expresión de la inteligencia; recordemos que los test de inteligencia consideran a los subtest de medición de competencias verbales como una buena aproximación del potencial intelectual de los individuos. No ahondaremos en los lenguajes numérico, musical, espacial o corporal, aunque están interconectados; en cambio sí en el lenguaje pensado, hablado y codificado en la escritura. 

 

El cerebro humano cuenta con una extraordinaria configuración que permite la manifestación de cualquier lengua idiomática; pero al influjo del medio ambiente social y familiar, sabemos que se define el uso de la lengua materna seleccionándola del abanico filogenético ancestral. Este punto de partida que se adentra en la profunda evolución de la especie humana, nos permite poseer las bases neurológicas que bifurcan en infinitas ramificaciones y redes del pensamiento complejo a posteriori. El lenguaje y el pensamiento abstracto se constituyen en un andamiaje de códigos que progresivamente se van instaurando y dominando al influjo del aprendizaje, de la especialización del cerebro y sus respectivas conexiones neuronales; las cuales se activan y se mantienen fluidas para dicho fin.

 

 La psicología Piagetiana hace hincapié en el proceso evolutivo de la inteligencia del sujeto, describe con maestría los avatares del pensamiento, desde las primeras operaciones mentales del niño recién nacido, para quien el pensar es movimiento, imágenes y sensaciones físicas; quien solo después de un largo trayecto evolutivo y del discurrir pensante, conquista el arribo al denominado pensamiento abstracto, lo cual ocurre cuando se ingresa en la adolescencia. En ese momento los complejos procesos de simbolización del lenguaje humano alcanzan la posibilidad de su máxima expresión para establecer una plataforma de operaciones mentales que permiten el desarrollo del pensamiento teórico, filosófico, científico, político, etc.; a la vez se configuran las funciones mentales interpretativas y se da paso al lenguaje escrito autónomo. Para Piaget el pensamiento es un proceso mediante el cual la acción se transmuta en pensamiento para luego devenir en lenguaje y expresarse en sus distintos grados de abstracción.

En éste marco el juego como predecesor del lenguaje interiorizado, no solo es la accion lúdica del cuerpo, sino a la par, movimientos del pensamiento los cuales poseen una la lógica mágica, propia de la imaginería infantil que ocurre cuando el niño comienza con la apropiación del habla. Por ello el lenguaje literario en nuestro planteo se convierte en un elemento crucial que alimenta estos procesos mentales que se conectan con el universo de las palabras, estimulando la instalación de nuevas conexiones y bifurcaciones que pueden ampliar las capacidades de interpretación de la realidad en cada etapa evolutiva y a la larga durante la vida adulta.

 

La visión de Vygotsky enriquece ésta perspectiva evolucionista y genética, resaltando en su postulado el impacto del componente social sobre la construcción de la inteligencia, del pensamiento y del lenguaje. Desde esta perspectiva las necesidades de comunicación y de contacto social dentro de un contexto histórico, son las que activan el pensamiento y la configuración del lenguaje.  “El juego y el lenguaje representan el intento humano más fundamental para trascender el aquí y ahora y poder así, construir modelos simbólicos que permitan comprender la realidad” (Vigotsky). El entroncamiento del lenguaje con los procesos sociales, otorga la dimensión histórica y dialéctica al pensamiento-lenguaje, dotándolo de significado; ambos se erigen como una construcción colectiva que da sentido al acontecer humano.

En concordancia a éste enfoque, la memoria social e histórica, posee también como herramientas, un cúmulo de leyendas, historias, cuentos y personajes, que al pasar de generación en generación y al recrearse en la moderna producción literaria, aportan considerablemente a la imaginería infantil.  El lenguaje literario escrito, así como la transmisión oral pasarían a ser elementos de juego y de incorporación de ideas, de ampliación del vocabulario, de creación de imágenes y de diversos procesos mentales donde el sujeto se ve provocado a ser participe activo para comprender los hechos narrados.

 

En la Teoría de las Inteligencias Múltiples, sistematizada por Howard Gardner, encontramos un aporte conceptual; el de la Inteligencia Lingüística, que se presenta acrecentada en sujetos que destacan en sus habilidades y competencias especialmente desarrolladas en la expresión verbal hablada o escrita y sobre todo en las capacidades creativas y productivas en este campo; por ejemplo, los escritores y los grandes oradores, serían ejemplos de ésta inteligencia, siendo que la poseemos todos.

Otras dos inteligencias descritas por Gardner son la Intrapersonal y la Interpersonal, las cuales están, estrechamente asociadas a la Lingüística en la medida que la primera implica el pensamiento interiorizado y reflexivo intermediado siempre por el lenguaje; la segunda supone las habilidades de interacción con los semejantes; entonces ambas inteligencias indudablemente se apoyan en las competencias lingüísticas que sustentan el intercambio relacional. Bajo esta mirada el lenguaje sirve a la moderación de las pasiones y emociones y la consecuente resolución de problemas y conflictos.

 

La estructuración del psiquismo humano es una construcción lingüística, por un lado, están las manifestaciones conscientes que se distinguen por los procesos lógicos del pensar en sus diferentes grados de profundidad reflexiva; y por otro lado estaría la fantasmática inconsciente, susceptible de ser alcanzada gracias a los mecanismos de simbolización e interpretación acuñados por el pensamiento - lenguaje. Estás funciones superiores del pensamiento y del lenguaje: la abstracción, la conceptualización, la reflexión, la simbolización y la interpretación necesitan ser cultivadas para que alcancen su mayor desarrollo. Según esta propuesta, la herramienta privilegiada durante la infancia para desencadenar estos procesos, es el texto literario, pues gracias a sus diversos grados de complejidad desafía permanentemente al ingenio humano infantil para ampliar su comprensión y para expresarse progresivamente con mayor cabalidad gracias a las múltiples conexiones que se tejen en la red del lenguaje.

 

Es elemental saber que las bases neurológicas, psicológicas y sociales que sustentan el pensamiento humano como proceso y el lenguaje en sí mismo, no aseguran automáticamente la adquisición de las funciones superiores del pensamiento; deben mediar acciones constantes de formación y ejercitación del músculo intelectual. En primera instancia los agentes educativos, familia, escuela y sociedad, deberían cumplir con la misión de formar sujetos capaces de auto dirigir su propio crecimiento intelectual y espiritual con la mediación del lenguaje; resultado que hoy en día estaría en duda ya que el porcentaje de lectores y cultores del lenguaje altamente motivados es muy modesto para que tenga un impacto notorio en el desarrollo humano del país (no nos referimos aquí a la formación profesional).

 

Será necesaria la resignificación del lenguaje para trascender el uso del mismo como un simple utilitario, para evolucionar hacia una aplicación consciente que provoque el crecimiento intelectual y espiritual de las nuevas generaciones; uno de esos caminos puede ser trazado por la literatura, lugar privilegiado del lenguaje expresivo, en donde los procesos cognitivos mencionados cobran nuevas dimensiones en la medida que se adentran en la exploración de las profundidades del alma humana.

 

La literatura en sus distintos géneros, impide que la palabra cotidiana naufrague en la marejada del entorno material, donde hoy, nos acecha implacable la propuesta alienante de los diferentes modelos de pensamiento único - tal como lo imaginó Aldus Huxley en su novela Un mundo feliz-; habiéndose convertido esa intencionalidad de unicato en una aspiración delirante de gran parte de los que “manejan” el mundo y abusan del poder en los cuatro puntos cardinales. Ante esto el texto literario en su particularidad y diversidad se constituye en un bastión de la identidad personal y colectiva; lo literario es también una coordenada en donde se realiza un encuentro intergeneracional y atemporal, espacio en el que se accede a los registros de la memoria histórica y multifacética de la humanidad.

 

Los hombres y mujeres de letras, cultores del lenguaje, enamorados de lo humano, urdidores de la memoria colectiva, son portadores de los mitos ancestrales, en la medida que el soplo de espíritu que anima sus obras, de ahí proviene. El contrapeso necesario, frente a la vorágine de violencia y de la injusticia que hoy nos amedrenta, surgirá del pensamiento y de las manos de éstos filósofos y escudriñadores de la metáfora. Desde el escrito poético, hasta el ensayo ideológico, progresivamente, se irán vislumbrando formas de hacer y de pensar, lo cual supone cultivar básicamente la capacidad de infringir aquellos modelos cristalizados e impuestos a la fuerza y que objetivamente nos están encaminando hacia la desesperación y el desastre como género.

 

El texto literario ostenta así la capacidad de reconfigurar la actividad y el pensamiento humano; es un códice que nos da paso a la ansiada eternidad. La verbalización escrita de corte literario, diseña para el escribiente y para el lector un entorno en el que se construyen los valores, el sistema estético particular de cada cultura y donde se sientan las bases sobre las que se construye el espíritu humano en virtud de la decantación del pensamiento en el producto literario. Asunto no despreciable ya que el bagaje de principios y valores compactado en los cuentos maravillosos, resulta ser incorporado tempranamente en los esquemas de acción de los niños y niñas.

 

Los cuentos de hadas o los cuentos populares, se convierten en una invaluable herramienta para desarrollar una imaginación autónoma con matices personales, ya que cada niño o niña creará sus propias imágenes mentales, incluyendo movimientos y acciones de los protagonistas de las historias.

La función maravillosa que siempre han cumplido los cuentos es que permiten al niño enfrentarse, por ejemplo, con la lucha entre el bien y el mal o con intensas rivalidades fraternas o entre generaciones y que en el transcurso de la narración se resuelven de manera satisfactoria para el pequeño lector. Por lo general el niño se identifica con el héroe, el cual siempre es representante del bien, además de que sale siempre airoso de las trampas que los “malos” le tienden.

Los cuentos son el terreno propicio sobre el cual los pequeños pueden proyectar sus más intensas y recónditas preocupaciones conscientes e inconscientes y resolverlas satisfactoriamente en la fantasía, tal como nos ilustra Bruno Bettelheim en su libro Psicoanálisis de los Cuentos de Hadas.

 

¿Es posible que los niños posean formas complejas de pensamiento?

 

La enorme estructura del lenguaje y su alta complejidad suponen un largo proceso de aprendizaje y de adquisición de destrezas del pensamiento, en ese cometido la literatura infantil se convierte en el vehículo ideal para aproximar ingentes contenidos y significados del lenguaje a las fértiles mentes infantiles. La inteligencia lingüística de los niños a simple vista pareciera incipiente; en cuanto a contenidos no tan abundante, pero en cuanto a procesos resulta sorprendente; aún con corta edad niños y niñas puedan asimilar y elaborar asuntos bastante enmarañados en el tema que nos ocupa; descubrimos para nuestro deleite que los pequeños comprenden muy bien la estructura del cuento fantástico, cosa no tan sencilla ya que en su conformación hay una trama, numerosos personajes, diversas situaciones, encadenamiento de hechos, consecuencias y finales; todo esto sin mayor problema es bien comprendido incluso por niños pequeños. Tenemos así indicadores de que elementos importantes del pensamiento adulto ya presentes tempranamente en la infancia, con la única diferencia que en estas edades prima el pensamiento mágico, lo cual es considerablemente difícil, pues la configuración de la magia no resulta sencilla ya que tiene su propia lógica. Estos pequeños geniecillos sorprenden constantemente a los adultos por su capacidad de entendimiento; solo requieren que les proveamos insumos para echar a andar los mecanismos mentales complejos de la inteligencia.

 

El puente entre el pensamiento infantil y el imaginario adulto sería imposible de trazar y de construir si cuando niños no hubiéramos vivenciado intensamente las experiencias ligadas al disfrute de la literatura para niños y de la imaginería ligada a los juegos.

 

El impulso del pensamiento, de la capacidad reflexiva, del pensamiento científico, del discurrir filosófico o de la creatividad, no pueden ser fruto del simple proceso de razonamiento adulto; un hito imprescindible en el camino del pensamiento complejo es haber transitado personalmente por el vasto universo de lo imaginario y haber interactuado con la multitud de habitantes que lo pueblan. Las hadas, los duendes, las princesas, los héroes, los villanos, los reinos fantásticos, las aventuras y todo lo demás; los cuales fueron tangibles por un cierto tiempo y para cada uno de nosotros, dejando tras de sí una huella perdurable modelo para los procesos mentales que se replicarán en la vida adulta.

 

La activación de lo imaginario fantástico, predispone positivamente para que luego el pensamiento adulto pueda proyectarse hacia la creación de un futuro realizable con mayor solvencia que aquellos que fueron privados de cultivar su imaginería infantil. El asiento de la capacidad para visualizar el futuro como individuo adulto, radia en una infancia que ha tenido a su alcance la literatura como sendero para la creación de mundos imaginarios. Hacemos hincapié en la importancia del desarrollo de las temáticas maravillosas, pues en ese ambiente, la imaginación genera infinitas ramificaciones del pensamiento, las cuales se plasman en proyecciones interiores de universos temáticos en cuyo proceso de producción se configuran las competencias cognitivas del razonamiento superior. A decir un ejemplo: cómo puede una persona conceptualizar y comprender lo que es el amor o la libertad si en algún momento de su vida no pudo crear en su mente algún reino prodigioso o creer en un personaje mágico. La dimensión lingüística es similar en ambos productos de la mente. La conceptualización de ideas abstractas y la imaginación infantil requieren de misma potencia intelectual. A esta asombrosa capacidad del pensamiento hay que añadirle el correlato emocional que se le asocia, pues tanto el concepto de la libertad como la acción admirable de la heroína o el héroe, movilizan conexiones psicológicas y emocionales que le dan el tono a la imagen conceptual creada. Lenguaje, imaginación y emoción son términos de la ecuación de la inteligencia.

 

Consideramos que el trabajo principal es poner al alcance de la niñez y los jovencitos, el acceso al texto literario, por un motivo esencial; la apropiación del lenguaje y el desarrollo del pensamiento propio es un hecho político en sí mismo. En la medida que la población infantil y de jóvenes lectores, lea, desarrollará el hábito de imaginar y de proyectarse por medio del pensamiento en el futuro. El hombre que lee y escribe es un hombre libre, es un sujeto capaz de comprender más allá de lo simplemente escrito, lee entre líneas, interpreta, usa su imaginación; lee y escribe.

 

Esa imaginación necesita ser alimentada tempranamente, no se puede esperar hasta que el sujeto este escolarizado para activar las funciones cognitivas superiores y la creatividad; es sabido que ante el enorme bagaje de conocimiento sistematizado que se imparte en las escuelas, la imaginación se empobrece y por lo general sucumbe o se manifiesta con escaso poder.

 

Nos preguntamos por qué luego de los primeros años de escolarización los niños y niñas dejan de dibujar y dejan de leer cuentos, ni que se diga de escribirlos, salvo excepciones. Es un fenómeno interesante y preocupante a la vez; la mayoría de escolinos apenas llegan a la etapa del dibujo esquemático, en el cual representan su entorno y a sí mismos con unas cuantas líneas, y si se comparan los dibujos de un grupo de niños poseen bastante similitud: el mismo tipo de persona, de casa, de árbol, de montaña; la esquematización es una etapa que cuando perdura más allá de los limites funcionales impide expresiones individuales; cuando deberían pasar a una etapa superior de representación gráfica más personalizada y sin estereotipos, pero tristemente la mayoría suele abandonar el dibujo, pues son realmente escasas las oportunidades donde se le dan algún valor y sentido al dibujo de niños, preadolescentes o adolescentes. En innumerables ocasiones cuando se solicita a un niño un dibujo libre, dibuja una bandera flameante y solitaria en el patio de su escuela o un personaje de su serie televisiva favorita; cuando se trata de chicos un poco mayores dicen que no saben dibujar y cuesta Dios y su ayuda arrancar un dibujo sobre una hoja en blanco.

Algo semejante sucede con la escritura, pocos alcanzan un grado de escritura autónoma que no se refiera a los asuntos escolares relacionados al conocimiento sistematizado como materias; condición que se extiende sensiblemente hasta las aulas universitarias. En un porcentaje muy bajo los niños y jóvenes pueden desprenderse del relato descriptivo, la chispa de la imaginación creativa corre el riesgo de desaparecer a causa de falta de dedicación por parte de los adultos para crear y mantener en el tiempo ambientes altamente estimulantes ya sea en el hogar o en la escuela. A poca o mala lectura menos escritura aún y pensamiento propio rudimentario.

 

Como un agravante y sin un justificativo pedagógico se ha generalizado la enseñanza de la escritura utilizando lo que denomina letra de molde o de imprenta, eliminando progresivamente el uso de la letra cursiva y con ello la expresión personalísima que toman las formas de cada letra en la producción individual, desvirtuando con ello de un plumazo los estudios y aplicaciones de la grafología científica y sus aportes para el conocimiento del fenómeno humano. Pues cuando se solicita a muchos jóvenes la escritura de un relato en letra cursiva, les resulta muy engorroso ya que casi todos han dejado esa práctica en los primeros años de la escuela porque dicha escritura fue aprendida como segunda opción y se la considera prácticamente inútil. Al parecer existe un profundo desconocimiento de lo que significó para la evolución de la inteligencia humana la especialización de la mano para poder escribir con la fineza que la escritura cursiva demanda amen de sus implicaciones simbólicas y de significado. Esta situación de negación del logro histórico ancestral de la escritura como destreza manual, supone una involución en términos culturales e incluso desconexiones en la organización de las redes neuronales de nuestro cerebro. No se debe pasar por alto que la coordinación del ojo con la mano ha sido el puntal de la evolución de nuestra especie, siendo la escritura una de las mayores adquisiciones.

Las teorías piagetianas nos remiten a la consideración de la existencia de procesos mentales que se van presentado evolutivamente casi de forma espontánea en distintas edades, esa sucesión está ampliamente comprobada, pero ninguna de las manifestaciones de la inteligencia alcanzaría su máxima expresión sin la intervención y estimulación por parte de los mediadores sociales, y he ahí nuestra responsabilidad como cultores y amantes de la literatura.

 

Evidentemente hoy en día la escritura digital y sus distintos soportes, son una poderosa herramienta y sin la cual sería mucho más lento y complicado comunicarnos y producir, pero las bases de la escritura manual (cursiva) que da lugar a la manifestación personal y al aseguramiento de las adquisiciones filogenéticas del lenguaje, que deben ser siempre el primer escalón de la producción escrita, de lo contrario sería como querer correr sin haber aprendido a caminar.

Lo que se acaba de mencionar parecieran ser temas colaterales al hecho mismo de la literatura infantil, pero en la lógica de lo que supone cultivar el lenguaje y alcanzar las expresiones superiores del mismo cuales son: el pensamiento abstracto, la conceptualización del pensamiento, la filosofía, la espiritualidad convertida en pensamiento, la comunicación efectiva de nuestras emociones, la manifestación de nuestra vida interior por medio del pensamiento reflexivo, así como nuestra habilidad para establecer redes humanas, dependen del conjunto de variables que estamos considerando.

 

No podemos subestimar las capacidades intelectuales y las habilidades cognitivas de los niños, la apertura al aprendizaje es casi ilimitada, pero la mediación de los procesos educativos convencionales suelen hacer cierres progresivos  a las ventanas de oportunidades del desarrollo mental infantil, la familia, la escuela y otros agentes sociales en pro de una educación sistematizada y programada, van echando cerrojos mentales a las innatas potencialidades de la mente humana, sin ponderar el impacto limitante que ello tiene en la capacidad creativa de las nuevas generaciones.

A su vez la trivialización e inmediatez de los contenidos de entretenimiento que provee la televisión y los medios digitales, no aportan en nada a mantener las mentes abiertas, existen contenidos estandarizados que invaden el imaginario infantil sin que medie el mayor trabajo de simbolización y de imaginación autónoma. La imaginación infantil es colmada de forma indiscriminada de contenidos idénticos para millones de telespectadores e informáticos. ¿Dónde queda la imaginación individual?  ¿Dónde quedan las imágenes originalísimas que cada niño o niña debían crear en su mente cuando se le relata una historia?  ¿Por qué son cada vez menos frecuentes los maravillosos momentos donde alguien le cuenta un cuento a un niño?

Lamentablemente observamos que antes de tiempo los niños y niñas se hacen indiferentes a los relatos tradicionales, los cuentos maravillosos apenas sobreviven más allá de los cinco o seis años de la infancia si les fueron provistos, y compiten en desigualdad de condiciones en relación al tiempo que se le dedica a la televisión o a las pantallas de juego. El lenguaje literario y el pensamiento mágico, el juego simbólico propio de estas edades apenas se desarrolla cuando repentinamente es truncado por la irrupción de las imágenes electrónicas de los juegos virtuales donde el lenguaje es casi inexistente salvo para las instrucciones de juego, todo es acción, movimiento e imágenes sin texto, hay un anclaje en lo preverbal, con la nefasta consecuencia de que ello traba o demora notablemente las competencias lingüísticas para expresarse con claridad y fluidez tanto oralmente como por escrito.

Ante este panorama cabe rescatar el aporte del lenguaje cinematográfico, el cual nos provee de imágenes maravillosas cuando se trata de películas basadas en la literatura fantástica, pero con algunas excepciones es muy común escuchar decir que el libro es mejor que la película, cabría decir más bien que lo que podemos imaginar siempre es mucho más que lo que puede proveer la película. Por tanto, en la lógica que venimos exponiendo se considera que el patrimonio imaginativo de cada individuo debido a nuestra condición de humanos se ve reforzado por las construcciones del lenguaje y no podrá nunca ser reemplazado por los artilugios de la modernidad, y en caso de que sí ocurriera habríamos de perder nuestra humanidad.

Tenemos aún un largo trayecto que cumplir como adultos hasta lograr que exista una apropiación de la literatura por parte de todos los niños, niñas y jovencitos; hay millones de ellos que no tienen acceso a libros ni a bibliotecas, podemos decidir que mientras no haya un cambio cuantitativo y cualitativo de la situación, que estarán  afectados por una más de las aristas del maltrato infantil, pues esa desventaja incide en el desarrollo incompleto de sus competencias cognitivas y emocionales en buena medida.

 

Por tanto, para finalizar este breve planteamiento, damos por comprendido que los adultos tenemos la misión de aproximar de forma oportuna y sostenida la incursión de niños y niñas en el mundo de la literatura con el fin de proveer oportunidades para que la construcción de la inteligencia pueda generar ramificaciones e interconexiones del pensamiento de alta complejidad en periodos tempranos de la infancia en el contexto del pensamiento mágico.

   

 

 

Lecturas recomendables: los cuentos de Charles Perrault, los Hermanos Grim, Hans Cristian Andersen, Cuentos de la selva de Horacio Quiroga, cuentos y leyendas populares latinoamericanas y otros.

 

Para saber más sobre el tema:

“La Psicología del niño”, Piaget, Jean y Inhelder, Bärber, Ed. Morata, Madrid 2007

“Las Inteligencias Múltiples”, Gardner, Howard; Ed. Paidos; Madrid, 2011

“Alas para la infancia”, Peña M. Manuel, ED. Universitaria, Chile 1995

“Psicoanálisis de los cuentos de hadas”, Bettelheim, Bruno, ED. Crítica, Barcelona 1990

“Los cuentos de Perrault”, Bettelheim, Bruno, ED. Crítica, Barcelona 1980

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Libertad de Expresión como Principio y Competencia Personal en un mundo digital

 

La Libertad de Expresión como Principio y Competencia Personal en un mundo digital

En un ambiente digital y globalizado como el que nos toca habitar, las libertades de expresión podrían alcanzar un estadio superior debido a las ingentes oportunidades de comunicación del pensamiento; pero a simple observación de las redes sociales apreciamos que en incontables ocasiones se confunden dichas libertades con expresar lo que se venga en gana e incluso ejercer diversos modos de violencia verbal o visual bajo la consigna de usar la facultad de expresarse casi de forma irrestricta.

La presente reflexión resultaría ser una aproximación para aportar a lo que se podría entenderse por libertad de expresión en los ámbitos digitales; en esta perspectiva consideramos que debía ser uno de los principios rectores de la convivencia en la sociedad virtual o real y al mismo tiempo sería una connotada habilidad para comunicar ideas, reflexiones o puntos de vista.

La Libertad de expresión como Principio:

Se entiende que un Principio, a su vez está constituido por una constelación de valores, los cuales requieren estar consensuados en las comunidades; puesto que un principio necesita poseer un alcance universal compartido, al menos en sus consideraciones medulares, para que el conglomerado humano pueda arribar a acuerdos de convivencia pacífica y creativa en la resolución de los innumerables problemas que aquejan a la humanidad desde hace siglos y que distan mucho de ser resueltos aún; a entender, la inequidad, la injusticia, la violencia y al abuso de poder como algunos notables nudos gordianos; en donde la libertad de expresar es la punta del ovillo. Sabemos que existen instituciones y actores sociales que se han encargado siempre de la represión de estas libertades en todos los tipos de regímenes de gobierno y sobre todo los totalitarios, hoy y en el pasado, por lo cual resulta harto complejo ejercitarse en esas habilidades, pues los diversos mecanismos represivos siempre encuentran modos regular el flujo de ideas.

Hoy en día las redes sociales ofrecen un ficticio lugar para la expresión libre, pero basta leer un poco para percibir que aún sobre un tema banal, se desatan torrentes de desacuerdos que con premura se convierten en insultos y luchas frontales en las pantallas digitales, lo cual puede desanimar la participación. Lo notable es que cada ciudadano tiene el potencial de convertirse en un inquisidor cuando se siente contrariado con alguna publicación; de tal forma no se necesitarían agentes sociales institucionalizados para ejercer controles, pues el sujeto digital fortalecido por un grado variable de anonimato se atreve a ejercitar la mirada petrificante sobre quien apetezca, ya sea por iniciativa personal o direccionado por agentes gubernamentales u otros que apuntan a desanimar corrientes de opinión, para éste cometido los perfiles falsos en las redes sociales se han convertido en un arma efectiva para conflictuar, amedrentar o desanimar la participación.

¿Por qué la libertad de expresión es un principio? Un principio es un punto de orientación para la ejercitación de una conducta que nos permita interactuar con otras personas a fines de construir un entorno que aporte a mejorar la calidad de vida social y personal. Las conductas erráticas de cualquier índole suelen desencadenar eventos caóticos y desestructurantes, por ello la conceptualización de las ideas que conforman un principio y su red de valores, son un grado superior de intelectualización necesaria para que las manifestaciones en libertad aporten al equilibrio social y al crecimiento personal. El ejercicio del libre pensamiento no siempre es correlativo a un determinado grado de formación académica, pues las personas más sencillas pueden incorporar en su estructura mental y personal una red de principios y valores bajo los cuales administrar su vida cotidiana y sus relaciones personales.

Un principio fundamental es la libre expresión, ya que de ella deriva la forma de ser en el mundo, la identidad de cada persona, la manifestación de su personalidad, los procesos de toma de decisiones, la defensa de sus derechos y la relación con su entorno.

La libertad de expresión está articulada con palabras, la construcción más colosal de nuestra especie: el lenguaje. La apropiación individual del entretejido de la lengua permite crear infinitas ramificaciones del pensamiento; tantas, que requieren de ser moduladas por la inteligencia para no perderse en las argumentaciones delirantes que no arriban a puerto alguno. Dicha administración del pensar debe asirse de algunos valores que darán forma a los contenidos y metas de los decires en libertad.

La libre manifestación de ideas por lo general necesita nutrirse del conocimiento o bien de la experiencia y sentido común, o de todo ello; éstos elementos son el contenido que permitirá armar un discurso coherente susceptible de ser comunicado sobre el tema de interés a debatir. Pero hasta el argumento más elaborado puede derrumbarse si no se lo somete a un tamiz conformado por algunos valores: la prudencia, el respeto empático, la responsabilidad y la honestidad.

La prudencia, decantará de la valoración del momento oportuno para manifestar nuestras reflexiones, asociación de ideas o conclusiones; es posible que en situaciones de emergencia haya la tentación de obrar de inmediato, mas recordemos que una acción imprudente en todos los casos complica aún más cualquier situación. En otras oportunidades se puede dañar a otros si no se sopesan las consecuencias y se siente como imperativo comunicar sin evaluar daños posibles. Será importante visualizar que las verbalizaciones deben aportar de forma constructiva, aunque existan disidencias en los argumentos, no se trata de oponerse por oponerse o de cuestionar para simplemente ejercer dominación con el discurso.

El respeto por los otros y a sus ideas, será siempre un buen inicio para cualquier consenso, la ejercitación del discurso puede ser de confrontación o de oposición, pero siempre sin perder de vista que cuando se trata de puntos de vista o de diferentes cosmovisiones, llevará tiempo acordar espacios comunes y de conciliación. El simple ataque o menosprecio de las comunicaciones de otras personas no aportan en nada a la evolución de comunidades más inteligentes socialmente, al contrario, siembran caos e involución del pensamiento humano.

La libre disertación en libertad demanda asumir de antemano la responsabilidad por lo que se intenta comunicar, el compromiso personal habrá de estar cimentado de antemano, ya que de ello depende la fortaleza de las alocuciones que sostienen un criterio elaborado en la factoría cognitiva del pensamiento. Pensar y hablar son las acciones del lenguaje, y sobre nuestras acciones se empodera la responsabilidad; hacerse cargo de lo dicho es tan importante como hacerse cargo de cualquier otra acción que tenga un impacto sobre algún destinatario.

En cuanto a la honestidad; es un valor que requiere ser direccionado hacia el interior de cada libre pensador, el punto de partida será el sujeto parlante, la crítica y valoración de las propias ideas y argumentos permitirá conformar un pensamiento honesto y de calidad antes de ser comunicado. La libertad de expresión implica tesoneros trabajos intelectuales para poder crear un fruto apetecible y útil para una supuesta audiencia. En los medios digitales y sus redes sociales existe una tergiversación de ésta libertad, pues podemos comprobar que la enorme mayoría de los actores pecan de un facilismo atrevido mediante el cual se expresan de forma cotidiana sobre cualquier tema o sobre la vida diaria, con un formato de espectáculo, esperando lograr la mayor audiencia y aprobación con escasos trabajos y desvelos. El esfuerzo intelectual pareciera estar proscrito en los medios digitales para la mayoría de las personas (salvo los académicos); la simplificación de la expresión verbal o escrita está plagada de errores, abreviaciones, simplificaciones y otros vicios del lenguaje, en total desvalorización de la palabra, como si ella no hubiera sido resultado de entre dos millones a cuatrocientos mil años de evolución del género humano; desvirtuando el factor de la lengua en la construcción social de la realidad que se inicia cuando los humanos comienzan a consensuar y articular los sonidos que nombrarán los elementos de su ambiente cotidiano, así como de sus acciones; proceso magistralmente relatado en el libro de Peter L. Berger y Thomas Luckman; La construcción social de la realidad.

Para nuestros fines la palabra es herramienta preciosa y de extraña complejidad; es un desafío para el pensamiento y la inteligencia, pues en la medida que podamos apropiarnos de las infinitas ramificaciones del lenguaje, podremos tener un discurso digno de compartir en los escenarios digitales.

Libertad de Expresión como Competencia Personal:

La habilidad para el ejercicio de la libertad de expresión, puede concebirse como competencia personal y estaría conformada por un conjunto de destrezas individuales, a denotarse a través de capacidades para comunicar el pensamiento de forma efectiva, ya que la liberalidad para expresarse contiene en sí misma la intención de generar corrientes de pensamiento que aporten a los procesos de mejoramiento de las relaciones entre los seres humanos, su entorno sociocultural y su hábitat.

Un primer indicador será la inteligencia emocional, a su vez compuesta de dos factores: la inteligencia intrapersonal y la interpersonal. La primera implica ser capaz de regular adecuadamente el flujo de emociones propias, de tal forma que la expresión verbal o escrita, si bien necesita poseer un tono emocional que otorgue poder e intensidad al discurso, debe cuidar de no agredir nunca o conflictuar acrecentando disidencias, además de hacer un buen uso del lenguaje.

La inteligencia intrapersonal radica en saber escuchar o leer de forma empática; la interpretación de lo que el otro dice a su vez permitirá hacer ajustes y encontrar espacios de acuerdo constructivo. Ambos aspectos visiblemente ausentes en los diálogos – chats, en los cuales se activa una reacción en cadena de comentarios y “argumentaciones” subidas de tono, en absoluto útiles o constructivas; en éste contexto se podría decir que se suele confundir la libertad de expresión con libertinaje. El debate o la argumentación pierde sentido en el momento que el discurso de convierte en una contienda entre personas y asuntos personales.

Un segundo indicador se relaciona con tener un mínimo conocimiento de causas y de saber acumulado, con el fin de poder armar un discurso coherente que pueda ser decodificado por el interlocutor; a la vez que debe ser lo más claro posible para que las ideas a comunicar puedan tener un impacto cognitivo en el escucha o lector; pues de eso se trata el poder comunicar en libertad; generar corrientes de opinión o saberes que puedan sostenerse en el tiempo de forma dinámica pero articulada como para poder hacer ajustes y mejoras sin perder su espíritu y visión de futuro.

Un tercer indicador será la inteligencia lingüística, la cual se refleja en el arte de utilizar el lenguaje para comunicar con propiedad y significado, así como para ejercitar la instalación de estrategias del pensamiento complejo, mediante el cual pueden establecerse conexiones y redes de razonamiento entre los diferentes universos de significado; de las ciencias, de la filosofía, de las artes, de la política, de los principios éticos, además de todo aquello que es derivado de las prácticas propias del conocimiento acumulado, a la par que de los usos y costumbres de las personas y las sociedades. Caso contrario nos enfrentaríamos a la denominada inteligencia ciega que describe E. Morín, la cual se enfoca solo en compartimientos aislados de la realidad, dificultando en demasía el crecimiento del pensamiento consensuado y la evolución del pensamiento inteligente que pudiera decantar en acciones también inteligentes, que aporten al bien común por encima del bien estar sectario de cualquier índole. “El pensamiento simple resuelve los problemas simples sin problemas de pensamiento. El pensamiento complejo no resuelve, en sí mismo, los problemas, pero constituye una ayuda para la estrategia que puede resolverlos” (Edgar Morin).

Por tanto, la interacción en las redes ofrece una invaluable oportunidad a la libertad de expresión; y para los integrantes de las sociedades se les presenta el desafío de ser sujetos de pensamiento y acción creativa, de forma tal de aportar constructivamente al bien común.

En todo caso será siempre preferible un exceso de comunicaciones libres, que un control o restricción opresiva de las libertades personales. Para los que se ocupan y trabajan en promover y cuidar que no se conculquen estos derechos, queda la tarea de orientar y ayudar a que estas facultades puedan expresarse y sean respetadas como una conquista de la humanidad.

La construcción del Legado Emocional y Ético para Familias Inteligentes

 

La construcción del Legado Emocional y Ético para Familias Inteligentes

La condición de finitud del ser humano, ha sido siempre una fuente de incertidumbre y de angustia vital, que a través del tiempo se ha manifestado en una intención permanente de dejar una huella que de alguna manera se convierta en registro de nuestro paso por la tierra. Ese trabajo titánico de la humanidad va dejando su rastro en todas las diversas manifestaciones de cultura; desde las primitivas pinturas rupestres hasta el edificio inteligente más moderno como expresión de la alta tecnología, a la par que las ciencias, las artes y todas las disciplinas del saber humano. Todo ello fruto del caminar humano por el sendero del tiempo; la vida cotidiana está plagada de señales que otros han dejado para que recordemos su paso, monumentos, ruinas, arcos de triunfo, bibliotecas, museos, nombres de calles y de plazas, con la misión de activar permanentemente la memoria colectiva y así crear la percepción de continuidad del fenómeno humano. Este cometido se ha logrado con bastante éxito, aunque en diversos grados de consciencia según cada persona o cada sociedad, en todo caso la trascendencia es un punto focal para paliar la angustia frente a la evidencia de la muerte.

Los instintos de vida y de muerte que conforman la base de nuestra vida psíquica están siempre en pugna, pues ambos son constitutivos de la existencia, no podemos existir e ignorar que en algún momento dejaremos la vida biológica, así como cualquier otro ser de la naturaleza, con la diferencia que nos hemos ocupado de dejar huellas reconocibles por otros, aunque pasen miles de años, tal como atestiguan los restos de civilizaciones antiguas.

La lengua materna en sus expresiones idiomáticas ha logrado su cometido de la mejor forma, pues cada idioma o dialecto, es en sí mismo un compendio de la historia de cada comunidad, cada grupo humano ha tenido que negociar y acordar el significado de cada palabra para construir su realidad social y así conformar colectivos que logren ser exitosos para sobrevivir. El lenguaje se instituye como el medio ideal para dar continuidad y existir como grupo.

El registro de la historia y su conocimiento es uno de los puntales del desarrollo humano aún con todas sus limitaciones e imperfecciones, pues son innumerables los errores, injusticias e incluso crímenes que se han cometido a lo largo y ancho de todo el planeta desde que el hombre es hombre. Aun así, no podemos negar la importancia y necesidad de reconocernos como sujetos históricos, pues ello se convierte en parte de nuestra identidad como personas.

El tópico que nos ocupa hoy se relaciona con la historia, pero con la historia más próxima a cada uno de nosotros, se trata de la historia familiar, la cual notablemente se remonta para cada individuo a no más de tres generaciones y a veces a cuatro cuando alguien en la familia se ha dado el trabajo de guardar algunas memorias, unas veces objetos y otras fotografías; de lo cual raramente se han preservado algunos recuerdos sobre la vida de las personas; es decir sobre quiénes eran, qué hacían, qué pensaban, cómo eran sus personalidades, en qué creían, cómo eran sus costumbres y bajo que valores construyeron sus vidas y las de sus descendientes. Otras veces se encuentran fragmentos desarticulados de la historia familiar, debido a que pocas veces se ha dado importancia al registro consciente y coherente de la vida y las dinámicas familiares. Incluso hoy mientras escucha o leen este planteamiento se preguntarán con qué sentido nos daríamos éstos trabajos, lo cual implica ciertamente un tiempo de dedicación, así como crear una mística familiar que permita honrar, reconocer y tomar cuanta de la historia familiar.

Consideramos que la familia es el reservorio de la civilización y de los modelos de convivencia humana más exitosos hasta la fecha, con todas sus limitaciones y claroscuros es un poderoso organizador de la convivencia humana, pero las sociedades durante los procesos educativos solo de manera muy tangencial educan o guían para la preservación de éste núcleo de sabiduría ancestral. En consecuencia, los adultos educados se ocupan mayormente se asuntos económicos y de la administración de sus hogares como si se tratara de una pequeña factoría destinada a proveer seres humanos de reemplazo para la sociedad. El amor y el celo dispuesto para sus integrantes permite la cohesión del grupo y el fortalecimiento de los lazos familiares, pero resulta insuficiente al momento de promover una identidad familiar con mayor extensión en el tiempo.

La pregunta a continuación será: ¿Qué y cómo hacemos que esto sea una realidad?, es decir para que la familia se mantenga como pilar de la civilización y para que se constituya en un punto de referencia para generaciones venideras. Otra pregunta ¿Tendrá esta idea alguna importancia para mi familia y para mí? Las respuestas son profundamente personales ya que la presente es sólo una propuesta para intentar dar sentido a nuestra existencia, a la de nuestros antepasados y a la de los descendientes. ¿Será que el legado familiar se limitará al traspaso de bienes o dineros a los que nos siguen, o puede haber otro tipo de legado?

De seguro ésta sugerencia implicará trabajos para las personas que decidan tomar la iniciativa, pero de seguro será gratificante convertirse en historiador familiar, a la par que en constructor de principios y valores que transmitir a sus hermanos, hijos, nietos y familiares que se acerquen al consejo de familia. Es importante decir que es una tarea de constante perfeccionamiento ya que en el transcurso de la tarea irán surgiendo elementos para agregar, pues las personas de la familia que decidan participar aportaran ideas e información que pueden formar parte de ese legado que se puede edificar.

¿Por dónde comenzar? Por uno mismo. De seguro en el transcurso de la vida se han recolectado experiencias innumerables, tanto edificantes y exitosas como negativas o fracasadas, a éstos fines todas serán valiosas; ya que son parte del transcurrir histórico de las personas y de ello decantarán, las creencias, las habilidades para enfrentar la realidad, la sabiduría de los mayores, la capacidad para resolver problemas, el estilo propio de establecer relaciones con las demás personas, así como una red de principios y valores que requieren ser preservados y transmitidos.

En las escuelas y en las universidades nadie se ocupa seriamente de educar o de señalar el camino del buen vivir en familia, prácticamente nos lanzamos en la aventura de fundar familia con aquello se aprendió dentro del propio seno familiar, con sus altos y bajos, con los aciertos y desaciertos; prácticamente la pareja joven encara la nueva travesía sin brújula y sin plan de viaje; a la suerte de una improvisación de a dos, suelen enfrentar retos enormes que son puestos a prueba con el paso del tiempo; en ese intento muchas parejas naufragan y los náufragos se salvan como bien pueden.

Partamos de que las familias son imperfectas, a la vez que son un refugio para sus integrantes, la familia es un faro que ayuda para no encallar. Esa luz no siempre es visualizada por todos, porque en innumerables casos es tan poco lo que se habla de asuntos medulares, que los grupos familiares cumplen escasamente con las funciones elementales de criar, cuidar la vida, empujar hacia el trabajo y reproducirse.

Se ha perdido la tradición de escuchar a los mayores y de aprender de la experiencia; el mundo actual demanda un ritmo tan acelerado que pareciera una pérdida de tiempo o un sinsentido detenerse para hablar y para reflexionar en familia. Por eso la intención de la presente propuesta radica en llamarles para atender sobre su propia valía como personas vigentes en la red familiar de cada uno, nunca es tarde para aprender o para enseñar, por tanto, iniciaremos la conversación para motivarlos a pensar sobre las formas prácticas en que se podría dejar un legado ético y emocional para los que les siguen en línea de sucesión. Para ello necesitamos de un vehículo objetivo para dejar constancia de la vida de cada persona y de sus vínculos familiares. La presente inquietud deriva de los años que llevo en la consulta clínica en consultorio psicológico, a lo largo de las ya décadas que ejerzo la profesión he podido constatar que la red de ancestros de cada paciente, salvo excepciones, es una especie de nebulosa con muy escasos datos sobre los abuelos por ejemplo y menos aún sobre los bisabuelos, a veces unas escasas fotografías de época son el único registro de las líneas familiares. Son muy escasa familias las que tienen algún registro sistemático e intencional de sus ancestros y en general, esos antepasados dejan de existir en las memorias familiares para siempre, algunas culturas como la japonesa, o algunas familias europeas dan importancia a ese guardado de memorias familiares, pero en latino américa somos bastante negligentes en ello. Es importante aclarar que no se precisa de tener fama alguna, sino de ser capaces de dejar un rastro histórico de quienes somos y de quienes fuimos cuando ya no estemos en ésta dimensión.

Cada persona dentro de sus posibilidades y estilo tendría que motivarse y ser capaz de crear un archivo familiar para que los descendientes tengan opción de conocer sus orígenes, pero lo más importante será sentirse hábil para crear un marco ético y emocional, susceptible de ser resguardado y transmitido hacia el futuro.

Para esto necesitamos tener soportes físicos o digitales que puedan ser depositados en manos de los hijos, nietos, sobrinos, hermanos, yernos o nueras, para que se conviertan en guardianes de los tesoros no materiales de las familias. La creación de una mística familiar que de importancia a éstas intenciones no será sencillo, pero les aseguro que valdrá la pena y que dará sentido al futuro corto que encaramos las personas mayores.

Es posible que requieran de ayudas, hay que buscarlas, encontrarlas y comprometerlas para que se pueda llevar a buen término la propuesta del presente conversatorio. No importa si no tenemos ni una foto antigua, o tenemos pocos recuerdos de nuestros padres y abuelos; con lo que tengamos a mano y en nuestra memoria podemos iniciar la tarea. Los antropólogos son expertos en descifrar culturas enteras a través de unos cuantos restos de objeto, de escrituras o de manifestaciones artísticas; no seremos menos hábiles en recolectar piezas de cada rompecabezas familiar para lograr el objetivo propuesto.

Los objetivos serán: poder articular un discurso coherente sobre nuestra historia familiar, crear un archivo de imágenes significativas para ilustrar esa historia y lo más importante será poder plasmar por escrito o en grabaciones de voz aquellos principios y valores en los que creemos y que sabemos servirán de luceros en el camino de nuestros descendientes, una vez podamos darlos a conocer de manera formal a cada grupo familiar.

 

Paula Benedict de Bellot

 

viernes, marzo 21, 2025

Las falencias de la memoria autobiográfica como síntoma de malestar a la vista del tratamiento clínico de niños y preadolescentes

 


 Las falencias de la memoria autobiográfica como síntoma de malestar

a la vista del tratamiento clínico  de niños y preadolescentes

 

La memoria autobiográfica se constituye en el anclaje cognitivo en donde se organizan todas las memorias, para dar como resultado un Yo integrado en las dimensiones temporales, dotándolo de habilidades para procesar aprendizajes que permitirán la construcción histórica y significativa de la persona. El fraccionamiento, la ausencia de sentido narrativo y la falta de valoración emocional de los contenidos biográficos afectan notablemente la regulación de las conductas impulsivas, entorpecen el reconocimiento de la propia valía personal e interfieren en el logro de los aprendizajes y el dominio del conocimiento.

 

Al momento de elegir un tema de escritura sobre Psicología Infantil, devino en significativo un problema de presentación recurrente en mi consulta clínica y que hace años se ha convertido en foco de atención; siendo que el camino a su solución es uno de los objetivos terapéuticos durante el tratamiento de pacientes niños y preadolescentes: nos referimos a la ausencia o fallas notables de la memoria autobiográfica (escasos recuerdos, registros de vivencias parciales y fraccionados, olvidos, etc.), así como una casi imposibilidad de enunciarla en la mayor parte se los consultantes. Tomamos en cuenta a niños mayores de ocho años, preadolescentes y adolescentes tempranos; cuyos registros de recuerdos significativos son llamativamente escasos e inconexos, incluso sobre acontecimientos o vivencias de su historia reciente.

 Paralelamente a esta dificultad de las memorias personales solo ocasionalmente, estos niños y jóvenes, poseen algunas estampas difuminadas de la historia familiar; al extremo que muchas veces desconocen en qué trabajan sus padres o cómo se conocieron y formaron pareja, u otros detalles sencillos de la vida en familia. Así mismo poco o nada saben, ni recuerdan sobre sus abuelos y otros familiares, ni siquiera de forma anecdótica aunque ellos estén vivos aún e interactúen con cierta frecuencia.

Ante un poco de insistencia durante las sesiones,  logran reconstruir memorias de algún cumpleaños, un viaje o algún evento familiar, de forma bastante borrosa, carente de vivencias anecdóticas y con nexos emocionales débiles. Tal es así, que también se ve afectada la percepción de los diferentes estados emocionales ligados a las experiencias cotidianas del pasado inmediato y aún más si esos retazos de memoria son lejanos en el tiempo.

Esta dificultad se convierte en un problema y en una barrera para el proceso terapéutico, puesto que si bien se elaboran contenidos emocionales y preocupaciones por medio de la técnica del juego con los más pequeños, se requieren de las memorias personales y de su enunciado, para poder integrar al sujeto en  la red emocional con sus seres significativos, así como para lograr la desarticulación del malestar que lo llevó a consulta.

Mencionaremos en este escrito, tres tipos generales de motivos de consulta donde este indicador; la ausencia o las fallas de la memoria autobiográfica resultan notables: 1.- los problemas de conducta disruptiva o agresiva, 2.- las dificultades de integración social por timidez y baja autoestima 3.- problemas de aprendizaje, bajo rendimiento escolar y problemas de atención. Situaciones que suelen presentarse combinadas con frecuencia.

Por lo que compete a éste ensayo, se analizará la disfuncionalidad de los procesos de la memoria autobiográfica como un indicador o síntoma específico pero no único,  de las dificultades cognitivas o emocionales que presentan dichos pacientes. Habremos de entender que se abordan también durante la intervención, otros factores participantes como, la estructura del grupo familiar, las relaciones primarias del sujeto con sus figuras paterna y materna (o sus sustitutos), la construcción del yo y de sus rasgos de identidad personal, los procesos de maduración psicosexual, la relación con los pares y las habilidades de integración y socialización secundaria.

En el curso de este razonamiento trataremos de comprender por qué resulta importante el tomar en cuenta dicho proceso cognitivo en particular; pues simplemente sin memoria no hay nada, dejamos de existir, dejamos de ser. Como enuncia Karina Solcoff (2016) en su bello libro dedicado a la memoria cuando indica al lector que haga el ejercicio de no tener memoria dice: “En un mundo sin memoria el pasado ha sido borrado y el futuro es una dimensión vacía, desde el momento que nada puede proyectarse. No es posible entonces concebir un plan, o una secuencia de acciones encadenadas, o mantener intenciones de acción: en el acto mismo de concebir el primer paso, ya lo hemos olvidado.”  (p. 24)

En la consideración de los casos tratados, no es que estos niños y jovencitos carezcan totalmente de las memorias personales, pero si se denotan obturaciones notables que impiden la adecuada configuración de la memoria autobiográfica acorde a cada edad y como consecuencia una frágil noción del propio yo. La historia individual para ellos, no arroja un registro de valoración y significado, a la vez que carece de sentido práctico o relevancia en el afán de vivir un presente que ofrezca gratificaciones o soluciones instantáneas. El estilo de razonamiento evidenciado en estos casos esta signado por las vivencias inmediatas y preocupaciones del día a día, siendo el interés por el pasado y por el futuro una cuestión incomprensible y de escasa utilidad para ellos.

En la recopilación de información y en la reconstrucción del entorno emocional y vivencial de cada paciente, comprobamos que la función de los padres en la configuración de la memoria personal, posee un estilo práctico y rutinario, en  donde sus papeles como cuidadores y proveedores son los que definen el tipo de relación con sus hijos;  siendo evidente la debilidad en la interacción con los hijos, la cual se caracteriza por: el escaso o inexistente juego compartido, poco dialogo conducido por los padres, negligencia en la participación significativa y conversada sobre la vida familiar o la ausencia de reflexión sobre los diversos estados emocionales surgidos de la interacción humana dentro de la familia. Estas falencias van definiendo la condición de un pensamiento autobiográfico no narrativo que se expresa escuetamente durante las sesiones en forma de recuerdos aislados y desprovistos de tono emocional.

En los dos párrafos anteriores señalamos las disfunciones en la edificación de la memoria autobiográfica, lo cual a nuestro entender afecta directamente el funcionamiento de los otros procesos de la memoria, de la conducta y de las emociones. Por ello entendemos que; la provisión de vivencias significativas y valorizadas gracias a las emociones, al discurso y al lenguaje emocional,  aportarían al ejercicio de los procesos cognitivos, incluyendo la memoria a corto plazo así como la de largo plazo, en especial de la memoria episódica narrativa e incluso a la memoria procedimental. Las memorias conforman un sistema interconectado e interdependiente en el que cada proceso se alimenta o provee contenidos a los otros. La memoria narrativa autobiográfica nos hace esencialmente humanos y diríamos que se encarga de articular la funcionalidad de las memorias atesoradas en nuestro bagaje genético.

La emergencia de la memoria autobiográfica es gradual y se encuentra asociada a herramientas culturales tales como el lenguaje y la narrativa, lo cual está ligado directamente a los intercambios conversacionales entre padres e hijos durante los cuales se habla y se aprende a hablar del pasado, a la vez que se promueven grados de complejidad de la memoria autobiográfica. (Santamaría y Montoya 2014, p. 338) Por tanto esta memoria se nutre de las experiencias con significado y de las palabras de los padres en torno a las mismas; el lenguaje,  la capacidad de narrar y de reproducir experiencias compartidas en el pasado, construyen desde la temprana infancia el continuo temporal de la historia personal y sus inserciones en la historia circundante de la sociedad en que se vive. Las acciones, los eventos, los tiempos compartidos, los acuerdos de convivencia; requieren de la mediación de la palabra para cobrar significado y para poderse archivar en la memoria. La colección de imágenes o de experiencias que no han sido investidas de valor y de las respectivas tonalidades emocionales se desgranarán inevitablemente en el olvido.

La potencialidad humana para percibir su entorno y a los otros, crea innumerables ramificaciones y conexiones con el mundo afectivo,  de ahí que la provisión y acopio de experiencias donde se juegue la calidad afectiva y el lenguaje con intensión de narrar o comunicar significativamente, incrementará exponencialmente la activación de los procesos cognitivos y de las habilidades para el aprendizaje en general. La identidad personal, las conexiones emocionales con los demás, la inserción en la sociedad, así como la resolución exitosa de las actividades de aprendizaje y las de tipo escolar; usan continuamente el trayecto y todas las interconexiones de las memorias para poder manifestarse. Incluso se debe contar con la memoria pre verbal de los primeros meses de vida signada por la relación del bebe con su madre; aunque esos contenidos no ingresan literalmente en la memoria episódica ni narrativa; mas por su fuerza dejan la impronta del afecto de ese presente para constituirse en modelo primario de relacionamiento en el futuro. Así es que las memorias se convierten en la herramienta por excelencia para apropiarse del mundo, para comprenderlo, a la par que han de viabilizar la noción de sí mismo.

El desarrollo de las memorias, cada una en su dimensión, serán de alto impacto en la definición de la persona; el entendimiento del yo narrativo que empieza a configurarse entre los tres y seis años, donde el niño toma conciencia de que posee una historia propia, aunque a veces confunde sus experiencias con otras que le han sido relatadas. Luego  entre los cinco y siete años el niño puede alcanzar niveles más complejos de comprensión de su yo gracias a los intercambios conversacionales que ocurren dentro del seno familiar (Santamaría y Montoya 2014, p. 340). Al momento que los niños pueden compartir sus vivencias lingüísticamente, el yo toma consistencia dentro de las coordenadas temporales; la noción de identidad, la interacción en la sociedad y el aprendizaje en todas sus formas, se asienta sobre el funcionamiento articulado y secuencial de las memorias (operacional, corto plazo, a largo plazo, de trabajo, semántica, episódica narrativa y episódica autobiográfica)

En esta reflexión de ninguna manera se tiene la expectativa de que la memoria autobiográfica se equipare a la de  “Funes el Memorioso”,  un cuento de Jorge Luis Borges, y cuyo personaje adolecía de la imposibilidad de olvidar. El olvido natural es un mecanismo normal que ha de permitir deshacernos de información sobreabundante o incluso de reprimir contenidos angustiantes, pero muy distinta es nuestra preocupación cuando observamos las limitaciones reales en la narración de la propia historia de los consultantes niños y jovencitos. Durante el trabajo terapéutico a fuerza de preguntar y repreguntar o de asignar algunas tareas de recopilación de datos dentro de la familia, se logra que los consultantes esbocen un borrador de la  historia personal, con las limitaciones que ello supone ya que se enuncia en base a los recuerdos de otros. Lamentablemente a pesar de las tareas de indagación asignadas apenas llegan a tener un panorama parcialmente narrativo, pues en el proceso de recolección de la historia familiar obtienen pequeños relatos aislados de algunos episodios personales o familiares.

Pasamos a describir en rasgos genéricos la forma en que impacta la fragilidad de la memoria autobiográfica sobre el tipo de casos citados al inicio:

Sobre los problemas de conducta disruptiva o agresiva:

Nos preguntamos a esta altura de la reflexión, ¿de qué forma las conductas disruptivas o agresivas se relacionan con las alteraciones de la memoria autobiográfica? Podríamos decir que las disfunciones en el control de las conductas o las distorsiones de la socialización, en principio obedecen a fallas en el control de los mecanismos de inhibición de las conductas impulsivas, pero surge una nueva pregunta ¿Por qué se dan estas alteraciones en el control de la impulsividad? Seguramente en unos pocos casos podremos encontrar rastros de disfunciones cerebrales pequeñas o cuadros de hiperactividad como un origen, pero en la mayor parte de casos se encuentra un deficiente desarrollo del lenguaje con intención comunicacional, así como de la conciencia de sí mismo, de la memoria autobiográfica, además de una especie de desconocimiento y falta de empatía con el otro. Estos niños o jovencitos suelen estar prioritariamente enfocados en su vida cotidiana presente, siendo el pasado o el futuro entidades ininteligibles cuyos contenidos provocan enorme pereza para ser pensados y peor aún enunciados. En esas condiciones el pensamiento reflexivo y el sentido de una conducta adaptada  al entorno social y familiar ocupan un espacio reducido en el esquema de acción de lo cotidiano, entonces la urgencia por resolver problemas a la fuerza se impone. Igualmente la intolerancia a la espera, las dificultades para situarse en lugar del otro y así como una urgencia para la obtención de placer inmediato empujan a que el yo naufrague en el presente.

Sobre las dificultades de integración social por timidez y baja autoestima:

En estos casos el mismo indicador, la memoria autobiográfica debilitada, confabula en contra del logro de una imagen de sí mismo valorizada positivamente y con anclaje en la historia personal, de lo cual se podría obtener seguridad y aprecio por sí mismos. Estos pacientes también se encuentran atrapados en las evidencias del presente y en la experiencia directa de su existencia, se sienten inhibidos, descontentos con su apariencia, inseguros para participar y frecuentemente con conductas de aislamiento en sus hogares. En estos casos la apatía y el descreimiento entorpecen las acciones del pensamiento para rescatar las memorias narrativas que podrían otorgar significado al presente, así como dar consistencia al yo. Los escuetos recuerdos que se logran arrancar para ser enunciados luego de delicados interrogatorios, evidencian de nuevo las carencias comunicacionales en el seno familiar. Señalaremos que existen diferencias en la forma de dialogar de los padres con los hijos, mientras unos poseen un estilo más elaborativo, otros tiene una modalidad de tipo repetitivo, ello definirá la calidad y cantidad de los recuerdos en los niños (Santamaría y Montoya 2014, p. 343). La memoria perforada por la escasa simbolización o desarticulada de la carga emocional relacionada con los sucesos individuales y familiares, dificulta la posibilidad de construir un yo integrado en las coordenadas temporales y vinculado en redes emocionales de donde podría obtener fortaleza y aplomo personal.

Sobre los problemas de aprendizaje, bajo rendimiento escolar y problemas de atención:

En el transcurso del proceso diagnóstico y reconstrucción de la historia de los casos con problemas de aprendizaje, podemos constatar que la mayor parte de las veces se trata de sujetos que poseen un potencial intelectual normal o normal superior, aunque en varios de los subtests sus resultados presentan déficits y afectación en el uso de las memorias, inmediata, de trabajo y a largo plazo.

En asociación al tema que nos ocupa hallamos también esa pobreza autobiográfica así como visibles limitaciones para narrar de forma oral o escrita asuntos de la vida personal. Argüimos entonces al igual que en los otros casos, que la  memoria histórica y narrativa débilmente instaurada se refleja en una dificultad general para llevar adelante exitosamente aprendizajes de índole académico con mayor solvencia cognitiva. Pues resultará accidentado el proceso de aprender sin la noción de un yo con un grado adecuado de consciencia de sí mismo y de flexibilidad para moverse dentro de las coordenadas temporales que nos convierten en sujetos históricos y con proyección hacia el futuro. Cuando los contenidos de aprendizaje carecen de nexos con la noción de futuro y con la idea de continuidad del sí mismo en el tiempo, quedan desprovistos de interés para los niños y jovencitos, les resulta incomprensible la posible utilidad práctica de lo que se les impone aprender (otro asunto a tratar será cuestionar si los contenidos impartidos hoy en las escuelas realmente son significativos para la vida y el futuro de los educandos).

Consideraciones finales:

Por tanto en el abordaje de los momentos del diagnóstico y del tratamiento podría ser de utilidad tomar en cuenta lo expuesto con el fin comprender cómo está constituida la memoria autobiográfica en cada caso que se atiende; con la intención de favorecer a la reconstrucción o reorganización de la memoria personal como un elemento del bienestar psicológico.  Al incursionar en la búsqueda, en la activación de los recuerdos y en la develación de la importancia que ellos tienen para cada paciente, encontraremos que existen en estado latente contenidos que los niños y jovencitos habían desestimado y sobre los cuales podemos guiar la edificación del pensamiento y del discurso del yo.

El descubrimiento del hilo conductor de la vida emocional y la historia personal otorgará progresivamente el significado y él porque de los cambios que se proponen durante el tratamiento. Partimos de la premisa que la fortaleza de la memoria narrativa de cada individuo, permite al sujeto integrar su yo en el continuo del tiempo a la par de visualizar y proyectar el futuro.

La memoria y la recuperación de vivencias, son la punta del ovillo del aprendizaje significativo en el entorno emocional, además juega como modelo en el uso de las memorias intervinientes en los diversos actos del aprender. El tejido del presente con las vivencias del pasado habrá de impulsar al sujeto hacia el futuro. Aunque los niños no conciban aún una idea de futuro remoto seguramente podrán esbozar la idea de continuidad si descifran que la vida es un continuo en la que ellos están inmersos y sobre el cual tienen poder de actuar.

La tarea de reparar o de reconstruir la memoria autobiográfica ofrece posibilidades para el fortalecimiento del yo, una vez se encare el rescate de las memorias que salgan a flote, pero habremos de entender que no se pueden fabricar memorias falsas para sustituir la ausencia de recuerdos significativos, la acción sobre el pasado en términos de implantar vivencias ficticias para recordar, es imposible. Lo que sí está al alcance de la mano es ayudar a que los pacientes puedan ser más conscientes de sus experiencias actuales, mediante la elaboración reflexiva de lo que les sucede para que logren dotar de una connotación afectiva sus vivencias; dicho mecanismo actuaría como fijador de recuerdos y de significado. Pero el trabajo terapéutico puede naufragar si en el contexto familiar no se proveen experiencias y diálogos de elaboración lingüística en donde los hijos aprendan a comunicar sobre sus sentimientos, sus preocupaciones, sus aspiraciones y otros asuntos vitales. Hay que diferenciar los intercambios conversacionales dotados de significado de las conversaciones cotidianas sobre las rutinas familiares, laborales o escolares, donde las respuestas a las preguntas: ¿cómo te fue?,  ¿pudiste hacerlo?, ¿qué hiciste?, generalmente son: bien, más o menos, nada, lo mismo de siempre o similares.

El suministro de experiencias significativas mediadas por los padres en conversatorios con los hijos,  aportarían sustancialmente a  la salud emocional y a la integración del yo; incluso si se trataran de recuerdos tristes o de situaciones de conflicto, ya que la historia familiar y personal está conformada no solo de experiencias felices, sino que cursan a la par espacios de confrontación con la frustración y la dificultad, las cuales al ser acompañadas y elaboradas junto con los padres o adultos a cargo, pueden metabolizarse e integrarse en las respectivas historias personales.

Para arribar a los objetivos terapéuticos, los padres requerirán ser partícipes y colaboradores activos para consolidar los desarrollos que se promueven durante el tratamiento, lo cual supondrá modificaciones sustanciales en la calidad y administración del tiempo dedicado a cada hijo; esto implica una dosis de renunciamiento a los fines egoístas de los adultos, así como una regulación de los horarios dedicados al trabajo, cuya extensión  suele servir para argumentar y justificar el abandono emocional y la no ejercitación de la función tutorial que debe ejercerse sobre los hijos, mientras son sujetos en formación.

                                                   

Santa Cruz de la Sierra,  20 de Julio del 2016

 

Bibliografía consultada:

Solcof, K. (2016). Hacer Memoria (1ra. Edición). Buenos Aires Argentina: Editorial Paidos SAICF

Santamaría, A. y Montoya, E. M. (2014) La memoria autobiográfica: el encuentro entre la memoria, el yo y el lenguaje. Recuperado de: https://www.researchgate.net/profile/Andres_Santamaria/publication/233683230_La_memoria_autobiografica_el_encuentro_entre_la_memoria_el_yo_y_el_lenguaje_Autobiographical_memory_An_encounter_between_memory_self_and_language/links/547317290cf24bc8ea19b1d7.pdf?origin=publication_detail

Lecturas inspiradoras:

Quiroga, R. Q. (2015). Qué es la Memoria (1ra, Edición). Buenos Aires Argentina: Editorial Paidos SAICF

Solcof, K. (2016). Hacer Memoria (1ra. Edición). Buenos Aires Argentina: Editorial Paidos SAICF

Golombek, D. (2011). Cavernas y palacios (2da.Edición) Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores

 

 

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